sábado, 4 de julio de 2009

Historias veraniegas: ¡Nos visitan los seiscientos!

Las persianas estaban bajadas por el intenso y sofocante calor que empezaba a aflorar ya por la mañana. Desde que el sol inició su salida el calor no ha dado tregua alguna, pese a que la noche anterior una tromba de agua alivió el ambiente. Parece que nada puede hacer que los agobiados vecinos del barrio de La Jota levanten sus persianas para asomarse a la calle, ni siquiera las fiestas del barrio, que son esta semana. Hasta los feriantes mantienen los tenderetes cerrados esperando que por la tarde los animados chavales, desafiando el calor, vengan a divertirse ellos.
Pero lo que ninguno de los vecinos del barrio se esperaba es que los míticos coches seiscientos visitaran el barrio. Una gran diversidad de pitidos advierten de su presencia. Los vecinos, intrigados, deciden levantar sus persianas aunque sólo sea un poquito para poder ver qué es lo que ocurre en la calle. En cuanto descubren que aquello que los reclama son una gran fila india de seiscientos no dudan en avisar al resto de familia y hechar fotos desde la ventana. Después de su desfile, en torno a las once de la mañana, aparcan en la zona terrena-infantil de la plaza de la Albada para que los infatigables conductores puedan descansar un rato. Muchos de ellos son los que entran en el centro cívico recién inagurado de la plaza, frente a la Iglesia de San Pío X para refrescarse un poco y ver algunos de los eventos que se estaban celebrando allí debido a dichas fiestas. Algunos de los curiosos vecinos de la plaza, junto con los viandantes se han acercado hasta allí para ver en torno a una veintena de coches, algunos conservados tal y como eran el la época y otros tuneados con ruedas nuevas o con diseños y dibujos novedosos y chocantes, como uno de ellos pintado con manchitas negras y con claxon del sonido de una vaca que ha suscitado sonrisas de admiración entre los que estaban viéndolos. La mayoría eran seiscientos, pero también se encontraban otros modelos de coches, eso sí, de la misma época, devolviendo un ambiente 'retro' al barrio. En torno a la una de la tarde los llamativos motores de los seiscientos han arrancado otra vez para reanudar sus andanzas por otra parte de la ciudad, eso sí, claro, hsata que sus conductores, agotados, hagan un alto en alguna parte para comer y retomar fuerzas.
Y es que retomar fuerzas es lo que muchos de los visitantes de la improvisada exposición de seiscientos de la plaza han hecho, tomándose el aperitivo en un bar cercano antes de ir a refugiarse a casa hasta muy de tarde, cuando ya amparados con la bajada gradual de calor, salgan de nuevo a tomar las calles de la ciudad.