sábado, 27 de febrero de 2010

Kohoutek: el cometa del siglo

Durante todo el año 1973 los medios de comunicación, los centros de investigación astronómica y el resto del mundo estaban pendientes de un punto, apenas luminoso que en marzo de ese año había descubierto el astrónomo checo Lobus Kohoutek. Al principio el suceso no generó alarma alguna y de hecho fue llevado con sigilo y prudencia por los astrónomos y los gobiernos de las grandes naciones. Era la época donde comenzaba la fiebre espacial. Tras los intentos de llegar a la Luna y la posterior llegada en 1969 se había despertado un furor mediático y popular de lo hasta entonces imposible para el ser humano: el universo. Desde ese momento cientos de filmes salieron a cartelera describiendo situaciones de guerras en otros planetas, de conquistas del espacio, de seres extraterrestres con infinidad de formas y, como no, de indescriptibles peligros que asolaban a nuestro bello planeta azul y acabarían por extinguir a la humanidad. Pues bien, ese era el temor de las naciones. Se desconocía completamente la procedencia de ese cuerpo que apenas desprendía gases y que no pertenecía al conjunto de cuerpos siderales que orbitan nuestro sistema solar.
Rápidamente todos los telescopios fueron orientados hacia ese punto y comenzaron a hacerse los cálculos pertinentes. Ante lo desconocido se especularon desde las teorías más racionalistas hasta las más disparatadas. Y fueron precisamente ésas las que tuvieron expectación mediática. Ahora la realidad superaba a la ficción. Durante el resto del año hasta el paso del cometa la prensa comenzó a publicar artículos sobre el astro extraño que se avecinaba, sobre su posible colisión con la tierra o sobre los posibles cambios que produciría a la humanidad. Unos hablaron de una nueva etapa que nacería para el ser humano a partir del paso del astro, otros de los daños que produciría a la Tierra y otros de lo que supondría astronómicamente hablando. Total, que el Kohoutek, un visitante desconocido pasó a ser el cometa del siglo. Todos aguardaban día tras día la evolución del astro a su paso por el Sol, expectantes, buscando la solución a todos los enigmas planteados. Sin embargo, cuando su paso ya estaba próximo cundió la decepción.
El Kohoutek iba a cruzar lo suficientemente alejado para no chocar con la Tierra ni producirle daño alguno. Astronómicamente hablando tampoco iba a ser una panacea: su órbita, una hipérbola lo llevaría de vuelta al infinito, de donde procedía, y sólo tendrían una posibilidad para analizarlo y estudiarlo. Pero en el momento del cruce el fiasco fue mayor: apenas produciría una cola visible a simple vista y menos por el día, aparte de desprender poco material.
Así ocurrió. El cometa del siglo quedó abandonado en la historia, llegando a ser el cometa de la decepción. Los únicos méritos que reune ese astro es ser el primer cometa observado desde satélites artificiales.
Así que este cometa, el hiperbólico no el periódico con el que comparte nombre, desapareció en la noche de los tiempos mientras un nuevo debate se abría: volverá dentro de 75000 años o no volverá jamás, como apunta la hipérbole que describe su órbita.
Lo único que se conoce de este espectacular visitante es que lo más probable es que tal y como vino del infinito regrese a ese infinito y no vuelva por el sistema solar nunca más.
Sin embargo tendrían que pasar unos cuantos años más para que este último dilema se reabriera al fusionarse al de las Piedras de Ica. Para los que no hayan oído hablar de ese hallazgo se trata de un conjunto de rocas de distintos tamaños grabadas con motivos naturales, sociales e incluso sexuales que según sus defensores fueron encontradas bajo montículos en la zona de Ica, en Perú, por los labradores y campesinos de la zona que las vendían. Desde entonces se abrió un dilema sobre si las piedras eran verdaderas o talladas por los campesinos, y desde entonces se han realizado pruebas científicas con ellas, dando unas validez a su origen natural y otras, al artificial. Al día de hoy se encuentran gran cantidad de ellas en el museo de la familia del Dr. Cabrera en la ciudad de Ica. Pues bien, uno de esos litos lleva grabado un motivo astronómico en el cual se encuentra la figura de un ser humano con las características de las otras piedras observando el firmamento, por donde pasaba un brillante cometa entre unos característicos planetas del sistema solar, fáciles de identificar y el Sol. Justamente los mismos y en las mismas posiciones respecto al sol que durante el paso del Kohoutek. Esto despertó gran interés de toda clase. Los defensores de la autenticidad de las rocas dicen que ese cometa pasó hace 65.000.000 de años, cuando la supuesta civilización litolítica vivía allí y que, por tanto, tiene una periodicidad, de forma que era la muestra definitiva de la autenticidad de las rocas.
Los científicos afirmaron que el motivo era verídico y alegaban su presencia a mera coincidencia y que por supuesto, no daba validez de autenticidad de las rocas.
Por supuesto, con el paso del tiempo el dilema del Kohoutek ha desaparecido. Hoy lo revivo porque creo que es importante conocer la historia de este astro que nos visitó en 1973 y que seguramente no volverá jamás. O sí, si verdaderamente en algún momento de hace 65.000.000 de años pasó por aquí. Quién sabe, el cosmos es en sí una caja de sorpresas...