lunes, 31 de mayo de 2010

El último adiós

Últimamente, al menos en la ciudad de Zaragoza están desapareciendo algunos de los establecimientos más clásicos, antiguos, famosos e históricos de la ciudad. La desaparición de algunas de esas tiendas pasa inadvertida para la mayoría de los ciudadanos, ajetreados e inmersos en un caótico mundo rutinario. Pero la verdad, sintiéndolo mucho es que estos iconos zaragozanos están desapareciendo a un ritmo vertiginoso.
Hay algunas personas que, ensimismadas con un -en mi opinión- peligroso afán renovador se alegran de su desaparición, afirmando que lo que toda ciudad necesita es transformar los envejecidos negocios en modernas tiendas que se encuentren "a la orden del día". Sinceramente me parece lamentable esta forma de pensar. No sé cómo pueden decir eso, como le pueden estorbar negocios que llevan ofreciendo lo mismo que ahora venden cien años o doscientos años. Me repito: asqueroso y lamentable.
Todas las ciudades, al igual que conservan museos conservan establecimientos que son un museo público y de libre acceso en sí mismos. En Madrid, por ejemplo, y para no complicarnos la vida pensando, tenemos el Café Gijón, lugar donde los grandes escritores, políticos y faranduleros del siglo XX se han reunido en tertulias y donde se ha fraguado la política contemporánea española.
En Zaragoza ese lugar lo ocupaban Los Espumosos. Seguro que muchos de ustedes lo conocerán aunque sólo sea de oídas. Si alguna vez han visitado Zaragoza o si habían pensado en venir probablemente algún conocido suyo les habrá mencionado que la visita a Los Espumosos es obligatoria. Ahora, por desgracia no hace falta que lo busquen. Ya no existe. Desapareció como la seca hoja que el frío cierzo invernal se lleva en volandas. En noviembre del 2009 sufrió un aparatoso incendio en su local del Paseo Sagasta, conocida avenida céntrica de la ciudad, y a partir de entonces cerró. De él sólo queda el local, sus famosas baldosas verde oscuro y su persiana. De su nombre, la huella que el tiempo deja en la fachada del edificio tras decenas de años estar ocupada por unas elegantes y fabulosas letras. Desde su cierre, Sagasta ya no es lo que era. Ahora es una avenida a la que le falta algo. Ya no se ven a los grupos de personas, de todas las edades acercarse hasta allí para degustar su particular cerveza de limón, sus raciones de calamares o su ensaladilla, en mi humilde opinión la mejor de toda Zaragoza, y eso que he probado muchísimas. Aún recuerdo su particular olorcillo y su doble salón: barra a la derecha, alargada; mesas en fila a la izquierda, con un cuidado suelo y embaldosado y un espejo en esa pared y las escaleras al frente, donde se distribuían mesas de forma ordenada por secciones y que permitían la tertulia. En esa sala a la derecha, los baños y la salida de atrás de la cocina.
Hablo de tertulia porque según lo que los veteranos habitantes de la ciudad me han contado, este bar se encontraba en el Paseo de la Independencia y se encontraba en un local revertido de madera, muy acogedor y más familiar y tertuliano que el de Sagasta. Más adelante se trasladó hasta esa avenida debido a que así podía modernizar el local y ampliarlo. Fíjense que Los Espumosos de Independencia ya eran famosos, como bien apunta Sergio del Molino en "La Ciudad Pixelada" cuando los visitantes extranjeros venían a Zaragoza. Raro era el que se iba sin probar alguna de las especialidades de esta tasca. Pero, como todo en la vida, se acabó.
Sin embargo, el caso de Los Espumosos no es el único ni el último. Gambón es un ejemplo ilustrativo. Parece ser que la ilustre tienda de productos de oficina, abierta desde principios del siglo XX en una bocacalle de Independencia, ha cerrado por traspaso. Ahora, según informan los carteles expuestos en los ventanales de su antiguo establecimiento sólo poseen la distribuidora Gambón S.A., sita en un polígono industrial de la ciudad. Gambón ha distribuido -y probablemente sigue distribuyendo- material de oficina a la mayoría de ayuntamientos y organismos públicos o civiles de Aragón. Su elegancia se distinguía nada más pisar el umbral de la puerta. Por supuesto, allí se vendían los artículos más caros y de más lujo que el arte de la escritura pueda demandar.
A Gambón también le acompaña La Reina de las Tintas, otro famoso establecimiento de material de escritura de principios del siglo XX que se diferenciaba del primero en que éste vivía más de la venta especializada al por menor que de la venta al por mayor. Se especializaba en plumines y estilográficas además de marcar la diferencia con grandes variedades de colores, modelos, etc. Su particular tarima de madera hace que siga aún recordando mis propios pasos al pisar la tienda y dirigirme al mostrador, frente a la puerta. Hoy tampoco la podrán encontrar, puesto que cerró misteriosamente y de la tienda no quedan ni las letras.
Sólo espero que la última ilustre que nos queda, La Estilográfica Moderna siga sobreviviendo a esta soga de la crisis y del infortunio. Así que animo.
Cambiando de negocio y abreviando, que su tiempo es oro y no se lo quiero hacer perder, creo recordar que el otro día descubrí que una famosa pastelería de la plaza de San Pablo ha cerrado, al menos, su sucursal en esa interesante plaza. Era famosa, entre otras cosas por sus "sanblasitos", unas figuritas de chocolate negro con la figura de San Blas que se vendían el día del santo y que poco duraban, ya que nada más abrir una avalancha de fieles se abalanzaban a la compra de las figuras, además de, como no, llevarse uno o dos roscones, dulce típico en Zaragoza para esas fechas (3 de Febrero). Además, como las figuritas estaban bendecidas toda una leyenda curativa de enfermedades de gargarta apareció en torno a ellas, llegando a instituirse una verdadera y particular tradición.
Como digo, ahora a no ser que vendan en la otra sucursal...
Por último, y espero no agobiarles, en la céntrica calle Alfonso I existía un famoso Rey Golden, flor y nata de los alrededores y que marcaba tendencia en sus artes peleteras. Ahora la han cerrado de ese paseo. Ya ni su luz ni sus extraordinarios abrigos de piel adornan la calle.
Por eso no comprendo cómo puede haber personas que prefieran reemplazar esas joyas por nuevas tiendas que nada pueden igualar en producto y artesonado. Y lo más gracioso: nadie las llora en Zaragoza como es debido. Por eso, y para acabar definitivamente, gracias Sergio del Molino por darle un último adiós a Los Espumosos en tu artículo, y desde aquí, culmino el réquiem por todas y muchas otras joyas perdidas y las que, por desgracia, como no haya soluciones rápido, se perderán.

2 opiniones:

RJ dijo...

¡Hola Cardiel!Me ha encantado tu blog: es interesante, entretenido, nos hace reflexionar sobre los temas más actuales sobre nuestra ciudad y, lo más importante, la narrativa es ejemplar. Me alegro mucho por tu candidatura, espero que tu blog sea el ganador y realmente te felicito.

cardiel dijo...

Muchas gracias RJ por tu comentario. Siempre se agradece, y por cierto un montón recibir ánimos de conocidos, compañeros, amigos o lectores. Lo dicho, muchas gracias por los ánimos. Me alegra bastante que te haya gustado la reflexión, de verdad. Respecto a lo de la candidatura aún no la he presentado, ya que el correo del que te hablé me llegó como informativo, así que hasta la semana que viene no me toca. De todas formas, gracias otra vez, aunque no creo que este año vaya a ganar nada, aunque por ideas y redacción me lo mereciera más que muchos otros...