Vamos caminando por el mundo hacia delante. Seguro que han deseado alguna vez poder detener a ese verdugo silencioso e invisible al que llamamos tiempo. Poder detenernos en un instante de gloria, felicidad o amor y saborearlo lo suficiente sin que una derrota nos sepulte poco después. Porque, como todos ustedes saben, la vida es así. Aunque nos creamos desgraciados, en realidad no existe nadie encerrado en tal estado de sombras. Todos nosotros, independientemente del grado de la desgracia recibimos grandes alegrías que equilibran esta balanza. Sin embargo, la derrota pesa más que la victoria. No podemos comprender que la vida es un continuo flujo de batallas en las que ganamos o perdemos, y en las que perder supone rectificar, mejorar o aprender algo nuevo para la próxima batalla. También, como decían los filósofos personalistas, cabe destacar de que, en el fondo, tendemos a pelear en batallas que nosotros mismos nos inventamos y contra rivales que buscamos nosotros mismos que no pretenden pelear. Y es que tienen razón. Cierto es que la sociedad ha evolucionado, hemos dado un giro no de ciento ochenta sino de trescientos sesenta grados o más con respecto a hace unas décadas, pero el ser humano no ha cambiado en sí mismo. Que cambie la sociedad, ese mundo que inventaron nuestros ancestros y que nos ha llegado hasta ahora no significa que realmente cambiemos. Cambiamos, quizás, de apariencias, de formas de vestir, de costumbres, de maneras de pensar, de ideas; pero no cambiamos en nuestro interior. Seguimos teniendo, pase el tiempo que pase, las mismas emociones y sentimientos que siglos atrás.
Y es que, queridos lectores, hago un llamamiento a la reflexión. En la actualidad -más ahora que antes- las tendencias consumistas luchan por confundirnos. No les pido que sigan mis palabras como discípulos que siguen a su maestro, pero sí que, estén de acuerdo o no, las comprendan mejor o peor hagan el esfuerzo de abrir su mente y comprenderme. No se queden en entender de qué va el texto, sino comprendan lo que les comunico. Luego, reflexionen sobre ello.
Volviendo a la tesis, avanzamos en el inexpugnable tiempo sin disfrutar de lo bello de la vida, que suelen ser las cosas nimias y ligadas a las emociones y sentimientos más profundos y humildes.
¿Alguna vez han parado su vehículo frente a una puesta de sol en un acantilado frente al infinito océano? ¿Alguna vez le han dicho a sus seres más queridos cuánto les aprecian? ¿Alguna vez han sentido esa felicidad que hace temblar tu cuerpo entero y te hace rebosar de alegría durante horas? ¿Alguna vez se han sentido revitalizados con la alegría, el amor o la felicidad en un momento dado, como si un soplo energético les hubiera recargado?
Podría seguir planteándoles cuestiones semejantes, pero creo que en su propia reflexión llegarán a otras menos generales pero más personales. Intenten responderlas. Yo les aseguro que un perfume, un coche de lujo o una gran mansión en la costa no les da la felicidad. Al menos no esa que te recorre de arriba a abajo y te hace sentirte reconfortado, sin problemas, como ya hubieras conseguido llegar a una arcadia sin problemas.
Por eso -he aquí la tesis simplificada- les pido que reflexionen sobre qué vale más, vivir en lo pequeño o luchar por vivir en lo grande. Vivir con el cariño, la amistad, el amor, la simpatía o la alegría, por ejemplo; o vivir con el poder, el éxito, la gloria. En definitiva, buscar a esas pequeñas y humildes, pero olvidadas y cada vez más lapidadas por la sociedad emociones que se encuentran en su interior o vivir con las grandezas que nos puede ofrecer la sociedad, cuyo precio -la traición, la envidia, la ira, el esclavismo mediático...- habrá que pagar tarde o temprano.
Por eso, sean justos y traten de reflexionar en y sobre la propia vida...y no se molesten ni busque el odio en lo que ocurre en el día a día, por malo que sea.
Éste es el paréntesis que después de casi veinte días sin escribir les he querido regalar. Hoy no me encuentro muy inspirado, por lo que disculpen que el nivel del texto no sea realmente bueno.
Ya saben, en los próximos días vuelven las críticas y las reflexiones.
Sean felices...
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