martes, 15 de junio de 2010

El manto de paracas

Algunos de los misterios más impresionantes se encuentran en los lugares más recónditos e inesperados. Allí donde uno no se espera encontrar algo magnánimo, como mucho alguna cosilla extraña pero siempre dentro de los parámetros esquematizados que conforman nuestra visión empírica de la vida. Pero la vida es siempre una caja de sorpresas y una lección constante.
Éstas son las dos razones principales que rigen la historia que les voy a contar hoy.
Antes de comenzar con el relato, querría aclarar, para quien no lo sepa, que en Latinoamérica, al igual que ocurre en Egipto o en Asia existen multitud de tumbas funerarias, es este caso precolombinas, ya que, como saben, América fue descubierta de manera oficial por Cristóbal Colón. De ellas, la mayoría de las descubiertas fueron expoliadas en el pasado por lo llamados “huaqueros” en la lengua latina. Esta denominación proviene de que a todo objeto antiguo de valor que fuera encontrado en excavación se le denomina “huaco”.
Pues bien, hace unas decenas de años, en una de las zonas más ricas en tumbas precolombinas como es la zona de Paracas, en Perú, se encontró una de las pocas tumbas que no fueron saqueadas. En ella, los arqueólogos encontraron numerosas joyas de arte precolombino, la momia atada como de costumbre y embolsada en diferentes capas, sacos y recipientes con alimentos, telas y algún antiguo tapiz desgastado por la humedad y el tiempo con motivos vegetales o animales…y un manto. Un manto que resaltaba sobre todos los demás huacos, un manto de gran colorido y en buen estado de conservación. A los científicos del lugar les llamó enormemente la atención, tanto que dedicaron una investigación específica para la pieza.
En las primeras investigaciones confirmaron que el manto poseía un número de hilos por centímetro cuadrado sorprendente para las técnicas precolombinas, y más aún cuando al hacer la prueba del carbono catorce a la momia resultó contar como mínimo tres mil años.
Además, los científicos se sorprendieron al reflexionar sobre la iconografía del huaco, a la que catalogaron de "extraña" y "extremadamente" compleja, ya que otros de los muchos mantos encontrados en esa zona de Perú y pertenecientes a la cultura Paracas están peor conservados, su colorido no es tan evidente y la iconografía es sencilla y basada en útiles y seres de su vida cotidiana, expresados mediante figuras geométricas. Pero pese a tanta diferencia, los arqueólogos lo catalogaron un huaco más. Sin embargo, cuando el gobierno peruano tomó el impresionante manto para convertirlo en cartel promocional de Perú, investigadores de todo el mundo, pertenecientes o no al mundo de la ciencia se interesaron por la pieza.
Y pronto estos investigadores se maravillaron por las cualidades de este manto frente a los otros descubiertos pese a haber pasado más de tres mil años desde su "presunta" fabricación.
Pero éstos no tardaron en interesarse por el significado de la iconografía. El "afiche" no presentaba tanta rigidez en formas como los de los otros mantos, además de que los dibujos no eran periódicos ni mosaicos, sino parecían ser consecutivos, como si uno continuara al otro y entre todos quisiera decir algo.
Fue entonces cuando surgió la polémica. Algunos investigadores, como el famoso Dr. Cabrera, fundador del Museo de las Piedras de Ica -otro de los misterios que espero tratar en el futuro- encontraron una explicación que coincide con la estructura del dibujo del manto y con los significados de las Piedras de Ica.
Para Cabrera -que era doctor en medicina- este manto explica la enfermedad conocida hoy como sindactilia o falta del dedo pulgar. Hoy en día, la genética moderna aún no ha encontrado la procedencia de la enfermedad de manera fiable. Sin embargo, el manto podría darnos la solución.
Cabrera se basó en las piedras de Ica y en sus conocimientos en medicina para desentrañar el significado.
Para que puedan seguir la explicación les he facilitado una foto a color del manto con las respectivas partes interpretadas, ubicadas por mi persona según las explicaciones de Cabrera.
En el pie del manto pueden ver un rostro, identificable con relativa facilidad como de mujer. Si se fijan, la mujer tiene cinco dedos en los pies -parte superior- y cuatro en las manos. De hecho, si prestan atención podrán ver unas rayas negras que cortan las extremidades a la altura del tobillo y la muñeca, que parecen tener la intención de separar y de remarcar las extremidades.
Imagen explicada del manto de paracas
Mirando ahora a las dos secciones que ascienden desde la cabeza de la fémina hasta la parte superior del manto, observamos que ambas son complementarias -la que se encuentra a la izquierda no está conectada al cuerpo de la mujer y además el color claro y homogéneo parece configurarle sensación de solidez mientras que la que se encuentra unida a la mujer posee bordes claros e interior oscuro que otorgan espacio, hueco. A estas partes se las interpreta como el pene, a la de la izquierda y la vagina, a la de la derecha.- y que poseen en su interior cuatro dibujos cada uno en su interior, que expresan una consecución.
Si se dan cuenta, las que se encuentran en el interior del supuesto pene poseen una forma similar a las de los espermatozoides -la primera, por ejemplo, posee una prolongación que bien podría ser el flagelo- y las de la vagina, a las de los óvulos -más grandes y redondos que los del pene-. La consecución podría explicarse como la espermatogénesis y la ovogénesis, procesos de maduración del espermatozoide y del óvulo.
La fecundación del óvulo y la fusión de los materiales genéticos del espermatozoide y del óvulo está representada con la esfera dibujada en el cuerpo de la mujer y en dirección al vientre. En ese vientre se encuentra dibujado un ser en formación que representa al feto y en la base de la cabeza de la madre, al bebé que, según Cabrera heredará la sindactilia. Pero, ¿cómo Cabrera llegó a tal conclusión? ¿Cómo concluye Cabrera que la enfermedad es congénita y que es transmitida por el padre y portada por la madre, como aclaró en su momento?
Siguiendo sus explicaciones, por el color. Si se fijan, el tono general para los espermatozoides y los óvulos es el mismo, pero los espermatozoides están pintados de color negro, más oscuro mientras que los óvulos guardan un color claro original, además de que los dedos de la mujer son claros, al igual que su figura. Esto significa que el hombre porta la enfermedad y la mujer la actualiza.
Pero el manto aún nos dice más: la enfermedad será hederada durante tres generaciones. Así lo afirma la cinta marrón oscuro que une los tres riñones. Además el dibujo afirma que investigando los riñones, las células renales podremos encontrar el gen responsable de la enfermedad.

Fue esta hipótesis la que desencadenó la locura en la comunidad científica. ¿Cómo un primitivo hombre de tres mil años va a conocer siquiera la existencia del óvulo y el espermatozoide y mucho menos la procedencia de la enfermedad? La mayoría de los científicos se opusieron a esta idea, quedando el tema zanjado como una simple "muestra de imaginación prehispánica".
Sin embargo, no hace falta ser muy inteligente para darse cuenta de que los tres riñones dibujados poseen un uréter, una pelvis, una corteza renal y una médula claramente diferenciadas y representadas. En mi humilde opinión, es difícil que un hombre de esas culturas pudiera conocer con precisión las partes de un riñón, y mucho menos creo que se le ocurra dibujar una esfera dentro de la mujer que luego que convierta en el feto.
Y si contamos con que los óvulos y los espermatozoides en fases de génesis no se pueden observar ni a simple vista ni muchas veces a microscopio óptico...
Ciertamente, lo nieguen o no nos encontramos ante otro de los misterios de la humanidad. ¿Cómo un ser primitivo y sin tecnología ni ciencia va a ser capaz de bordar un manto con un colorido espectacular, una cantidad de hilos por centímetro cuadrado tan elevada para las técnicas precolombinas y menos hacer que no se deteriore? ¿Por qué dibujar algo consecutivo, un motivo sobre esferas, riñones, una mujer y un bebé sólo por gusto? ¿Por qué si no pintar y diferenciar los pies de la mujer con cinco dedos y las manos con cuatro? ¿Cómo conocer la estructura de un riñón o conocer que un feto proviene de una célula si este ser humano vivió hace más de tres mil años?
De lo que no cabe duda es de que fue encontrado en una tumba precolombina sellada desde hace tres mil años. El Dr. Cabrera concluye que el manto no fue fabricado por la cultura paracas, sino que fue encontrado por ellos y custodiado por su belleza como elemento de "dioses" hasta que ese ser, al morir, pidió ser enterrado con él, para que el manto fuera su llave de acceso al mundo de la vida eterna.
Sea cual sea la explicación de este motivo, lo que queda claro es que el manto es totalmente auténtico y que la persona que lo hizo tenía cierto dominio de la fisionomía humana y de la genética, además de que la técnica de elaboración es lo sumamente compleja para que no pudieran realizarlo los habitantes de hace tres mil años. Así que, tuviera razón Cabrera o no la tuviera, el manto fue realizado con algún fin. Quizás nunca lo averigüemos, quizás algún día algún intrépido científico se atreve a investigar las células renales y a demostrar si la hipótesis de Cabrera y el manto es cierta. Tiempo al tiempo.
Imagen del manto de paracas